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Betancourt impregna su visión
del mundo de aires cubanos
Julia Sáez-Angulo
Afincado en España, el artista ni quiere ni puede olvidar su La Habana natal, y en sus óleos o acuarelas aporta ritmo y colores afrocubanos a los estilos propios de todo cuanto retrata.
23 de septiembre. El artista cubano residente en Madrid Pedro Betancourt (La Habana, 1954) ha expuesto en Madrid su obra Quinqués, una serie de dibujos acuarelados, en la sala de exposiciones Blasco de Garay de Caja Madrid. Se trata de personajes míticos afro-cubanos que se sitúan o se abrazan a un quinqué como hilo conductor de la serie. Figuración, amor, humor, asombro o perplejidad son emociones que se desprenden al contemplar estas piezas artísticas.
Primero dibujó y pintó objetos domésticos, a la manera del maestro cubano Acosta León; después, hermosos muebles de estilos nobles en estancias interiores, que adquirieron con interés diversas instituciones y coleccionistas de América; y finalmente, el artista salió al exterior y reinterpretó hermosas fachadas y edificios que reconduce sistemáticamente a un estilo propio de alegres ritmos, vivaz paleta cromática y aires tropicales o coloniales con acentos afro-cubanos. Una estética en la que se perciben las raíces de América Latina, que cobran vuelo y se hacen ramas en cada una de sus obras.
Pedro Betancourt se graduó en 1980 en la Academia de Artes Plásticas San Alejandro (La Habana), fundada el 12 de enero de 1818 por el maestro francés Jean Baptiste Vermay. Dentro de las Bellas Artes optó por las especialidades de Pintura y Dibujo, a las que sumó la de Tapices y Ambientación Escénica, con la profesora mexicana Marta Palau. Su pintura comienza a destacar en numerosas bienales nacionales e internacionales. Con su rico bagaje aterrizó profesionalmente en 1983 en el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba como jefe de escena, donde desarrolló su enorme creatividad en diseño escenográfico y vestuario. En 1986 se pudo ver en España el espectáculo cubano Congos reales, con escenografía de este artista. También intervino con su maestría plástica en el documental Oggun. En 1987 residió en Buenos Aires y expuso buena parte de su trabajo artístico en diversos ámbitos institucionales argentinos.
Betancourt llevó a cabo sus peculiares Arquitecturas Coloniales, pinturas llevadas a cabo desde su instalación en España en 1996 hasta la actualidad. El pintor toma como referencia una catedral de Venecia, una iglesia sevillana, un palacio madrileño, un edificio de cualquier ciudad... y lo reinterpreta en clave afrocubana, consiguiendo un efecto plástico singular, radiante y a veces lúdico. Sobre soportes de tabla o lienzo y fondo de óleo o acrílico, el artista va recreando la figuración que enriquece con diversos materiales a modo de collage o particular técnica mixta. Diminutas maderas, textiles, papeles, serigrafías, fotografías y grafismos van conformando un mundo minucioso lleno de color, de sugerencia y plasticidad. Labor paciente y rigurosa para lograr un resultado artístico lleno de audacias cromáticas.
El pintor cubano toma el icono arquitectónico inicial y lo perfila a su gusto y manera, reconstruyéndolo a la manera cubana. Remata sus torres y pináculos con cauríes; pone los arcos de medio punto habituales en la Vieja Habana; coloca los adornos de las rejerías de sus puertas (un gran tesoro artístico); los dota de sus vitrales encendidos... Lo mismo ocurre con los personajes que inserta en sus cuadros, todos se tiñen de una cubanidad de la que el artista no quiere o no puede desprenderse.
Capítulo aparte merecen sus dibujos. Pedro Betancourt reconoce que sus primeros trabajos fueron a plumilla y muchos de ellos sirvieron de ilustración en revistas y libros. Recordemos que la ilustración es considerada hoy como una de las Bellas Artes y no como el arte menor de otras épocas. En sus dibujos aparecen con frecuencia los personajes de la Regla del Ocha o la santería cubana: Oggún, rey del monte; Yemayá, diosa del mar y Eleguá, el niño travieso... El bosque de los Orishas como caldo mágico y sugerente, un mundo que bien recreó en sus relatos la escritora cubana Lidia Cabrera.
Obras ricas y complejas al mismo tiempo las de Pedro Betancourt, donde se pueden rastrear narratividad, imágenes y símbolos. Nada es inocuo en esta pintura figurativa: desde el hacha de la fertilidad rematando un edificio, al autorretrato folklórico fundido en el conjunto o la presencia del guarismo 124, número de La Habana donde el pintor nació y que hace presente para enfatizar su autoría.

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